Ayer me golpeé la frente con la boca del león, me preguntó con su mirada, por qué no miraba cuando caminaba y le respondí que suelo mirar hacia abajo cuando paseo dentro de la carpa. Luego lo dejé atrás y me aventuré a los brincos hacia el camerino del payaso, le dije que no me haga reír nuevamente, pero me respondió con una sonrisa de esas que contagian, por lo tanto, hoy sonreí. No es fácil, para nosotros los que vivimos entre gigantes pero crecimos con timidez, llegar a cachetear al mejor domador de elefantes del mundo, pero ayer, ayer mientras dormía lo golpeé con tal fuerza en la mejilla que pensé que al despertar me iba a tatuar su rodilla en la frente. Pero no pasó nada, siguió durmiendo, inmutable en su estado de solidez, gigante, ineficiente ante el entorno, energéticamente torpe, pero poderoso, feliz. Cada vez que lo veo comiendo maní en su gigantesca mesa me siento deprimido, me enfurezco, me desvelo, pero esta vez no aguanté el impulso y fue por eso que me levanté tan alto del suelo para dejarle dibujados mis dedos a la izquierda de la cara. Después de ahí, caminé lento hacia el encierro con la cabeza en alto, me choqué con un florero, tantos afrodisíacos me han dejado enfermo, si hubiese sabido que los chocolates rompen los deseos hubiese cambiado a caramelos con sabor a algo menos. Es de mediano sentir tristeza por lo ajeno, yo siempre la he sentido, siempre me ha perseguido el deseo de llegar a lo alto, jamás, el de recoger lo que no entiendo. Desde aquí debajo se siente más el rebote al pisar el suelo, y es por eso que permanentemente tiemblo, tiemblo y tiemblo, mi mano derecha solo descansa cuando la veo y la izquierda se va de vacaciones cuando tiene que acomodar mi sombrero. Mañana nos mudamos y como siempre dejo atrás algún "te quiero", en el próximo destino encontraré a alguien más que me inunde de nuevos pensamientos, que me maneje las arterias o que me destruya los intentos. Desde aquí abajo, es más fácil despertarse de los sueños, por eso todos los días vivo con sueños nuevos y he aprendido que si no me baño los monos ya no me echarán de menos. Vivir comiendo chocolate puede verse como algo austero, pero les juro que cuando todos los ojos están tan lejos, prefiero lo dulce antes que lo ajeno.
Le Circ
por Lucio Durán
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